domingo, 16 de septiembre de 2012

Cada simple frase

Closer by Kings of Leon on Grooveshark

Abre los ojos a la niebla que ahora es tu vida. Desembarázate de los sueños que se agolpan en las lindes de la inconsciencia para azotar tu conciencia hasta el último resquicio de tiempo, asume el dolor de tu cuerpo como su estado natural y levántate a saludar al nuevo día que siempre madruga más que tú.

Sumérgete en el agua hirviendo de tus tribulaciones, inhala el vapor ardiente y sueña con ahogar tus pensamientos en él, suave muerte que arruga tus dedos, pero escapa en el último instante, de vuelta a los fantasmas de tu presente que no son sino aquellos otros tú que han logrado ser felices. Olvídalos. Olvida.

Que tus manos sean las artífices del cambio. Desplaza la madera y el conocimiento, mueve bosques de tinta y efigies de héroes y dioses cuyos nombres ya no recuerdas. Siente su peso sobre tus hombros, el tirante entramado de nervios que esconden tus brazos tensándose al aceptar su carga, el sudor resbalando por tu rostro y la base de tu espalda, llevándose consigo los demonios que aguardan bajo tu piel. Conviértete en el trabajo, en la acción pura, olvida que eres persona, olvida que eres hombre, olvida tu rostro y tu nombre y sé la fuerza del cambio que mantendrá todo exactamente como estaba. Exorcízate, oh, espíritu impuro, sana en la niebla de tu nueva existencia y olvida. Olvida.

Sigue el curso del sol destruyendo los extremos incompletos de tu historia ya cerrada, elimina los esbozos de proyectos inacabados, los bosquejos de diseños irrealizados, los bocetos de futuros nunca alcanzados. Selecciona, rompe y rasga. Impón de nuevo el orden a lo que te rodea, convierte tu historia cerrada en el pulcro reflejo tamizado que abomine del caos en que te convertiste, hasta que tú mismo acabes por creer en ello. Reniega de la incertidumbre y la apatía que marcaron ese pasado que ya no existirá nunca más. Olvídalas. Olvida.

Asiste a la muerte del sol y da gracias a los dioses de esta vieja tierra. Un día más, un paso más en la niebla que ha de sanar tu espíritu.

Entonces lee sus palabras llamándote entre un público invisible y silencioso, siente esa opresión en tu pecho que cada simple frase despierta, evocando el candente dibujo de las marcas sobre tu piel, arrastrándote de vuelta a cada uno de los rincones que perdiste. Escucha su voz susurrando tu nombre, convocando a las armas a cada uno de los recuerdos que juraste olvidar. Recuerda.

Recuerda. Y abre de nuevo todas tus heridas.

Grey Arkhane

Tras el último umbral

Death by AoE on Grooveshark 

Con el sordo retumbar del cuero viejo al aprisionar las últimas páginas del libro que ahora cierro, despierto de un sueño de diez años.

A mi alrededor sólo queda la niebla gris y vaporosa que habita cada rincón de esta ciudad, antigua, onírica y atada a mi espíritu con el peso de trece generaciones de reyes tallados en piedra. Niebla que se respira, húmeda y fría, sanadora del alma quebrantada en el largo sueño.

El mundo se ha movido desde la última vez que habité este lugar. Despierto a un hogar que me encuentra cambiado, marcado mi rostro de arrugas, trazado mi pelo de plata, surcado mi corazón de grietas, reseco y curtido por la larga batalla en cuyo sentido nunca llegué a creer. Y tras el sueño queda la certeza del dolor sufrido, de la integridad perdida y la inocencia sacrificada a cambio de una apenas hipotética sabiduría. Qué precio tan alto para una victoria tan incierta.

Suspiro ante este despertar que me convierte en un extraño en mi propia tierra, en alguien tan distinto y no mejor que quién cerró los ojos hace una década para vivir el sueño de Ícaro. Demasiado cerca del sol, víctima de mi orgullo, el último umbral atravesado de vuelta a la vigilia devuelve los restos de un hombre quebrado por el peso de su propia convicción, el interior repleto de sombras y ruinas, de historias medio olvidadas y lecciones desaprendidas.

Y ahora, libre del sueño, doy los primeros pasos solitarios de este tránsito en la niebla cuyo vaporoso tacto me devuelve los susurros de los viejos dioses y la promesa de una ansiada curación, pero tras cuyo manto espectral alcanzo a advertir el implacable juicio de los ojos verdes del Destino.

Grey Arkhane

jueves, 16 de agosto de 2012

Actos de liberación

Tücskök Az Avarban by The Moon and the Nightspirit on Grooveshark  

"Los cuentos de hadas son bien ciertos. No porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que podemos vencerlos" - G.K. Chesterton.

Se materializó en la quietud de la noche como el suave crepitar de una llama al prenderse. La exhalación tejida en volutas de un humo translúcido y azulado se alzó sobre las rocas y raíces que se desperdigaban por el suelo del lugar hasta tomar la forma de un ser humano alto y delgado, envuelto en un manto blanco bajo el cual se atisbaban pedazos de metal herrumbroso.

El rostro descarnado, sin labios bajo la espesa barba blanca, apenas vibró imperceptiblemente cuando dijo:

-¿Quién pronuncia mi nombre? ¿Quién acude a buscarme? -sus rasgos apergaminados se contrajeron en  torno a los ojos blancos, vacíos. Pareció crecer cuando el halo fantasmal que le rodeaba crepitó, agitándose como una llama turbulenta. La cruz carmesí brillaba majestuosa en el centro de su tabardo, volviendo más oscuras las sombras del bosque y las ruinas a su alrededor.

-Ultreia. -dijo el hombre embozado en una capa verde que aguardaba tranquilo frente al espectro, alzando un bastón de avellano hasta colocarlo horizontalmente frente a si y revelando bajo su capa la blanca forma de una concha.

La figura fantasmal se contrajo cuando un espasmo de sorpresa cruzó su decrépito rostro. Tardó unos instantes en responder:

-E suseia...¿qué hace un peregrino tan lejos de la vía jacobea?

-Los tiempos han cambiado, frey. Nuevas vías avanzan a Compostela desde tierras que antes fueron de infieles, y pocos recuerdan a sus nobles protectores.

Una risa seca, carente de humor, se escapó entre los dientes de la criatura.

-Eres sabio al reconocer los viejos juramentos, peregrino. De otro modo -dijo, flotando amenazadoramente hacia el hombre y emitiendo un siseo de furia con cada palabra- ya te habría arrancado la mente y azotado tu alma con el dolor de incontables horrores.

-Basta, frey. -la mirada que el espectro encontró bajo la capucha hizo que detuviese sus amenazas- Vengo con una ofrenda para ti. Con una propuesta y un desafío. He venido a liberarte.

-¿¿LIBERARME?? -el encolerizado espíritu se alzó y comenzó a volar furiosamente alrededor del encapuchado, describiendo un torbellino azulado del que las palabras surgían como promesas de muerte- ¡Liberarme! ¿Qué sabes tú, ridículo mortal, de liberación, o de condena? ¿Qué sabes del dolor eterno que me ata a esta tierra y me niega el descanso? Maldito, maldito una y cien veces que por el juramento hecho a mi Orden no pueda...¡MALDITO! -pequeños guijarros y ramas se alzaron a su compás y golpearon el cuerpo del hombre, que permaneció impasible en el centro del pequeño huracán.

-¡FREY HUGO DE MARIGNAC! ¡Por romper tus votos fuiste condenado, por tu debilidad y tu ambición te fue negado el descanso eterno! -el encapuchado extrajo un frasco cristalino de su capa, en el cual refulgían unas pequeñas luces flotantes, tan intensas como aquellas que despuntaban sobre sus cabezas en el cielo nocturno. Con el pulgar destapó el corcho que lo cubría y derramó el brillante contenido a lo largo de su bastón. Este pareció absorber las luminosas motas y comenzó a despedir el mismo brillo argénteo hasta transformarse en una lanza de luz pura y cegadora- ¡He aquí un arma sagrada, forjada y bendecida con los deseos inexpresados de estrellas errantes! ¡Úsala y recupera tu honor, Hugo! ¡Protege al peregrino! ¡Haz honor a tus votos de nuevo!

El hombre encapuchado cayó de rodillas con un gruñido de dolor. Su capa se volvió negra como ala de cuervo.

-¿Proteger? ¿De qué habría de protegerte, insolente, si no de...?

El espectro no llegó a acabar la frase, deteniendo su iracundo vuelo en seco cuando de entre los pliegues de la capa del hombre arrodillado emergió el Dragón. La cabeza amplia y escamosa giró observando el entorno, con el mismo tejido de la realidad crepitando y crujiendo a su alrededor. Un grito antinatural emergió de las fauces repletas de las finas agujas plateadas de sus dientes, resonando en las viejas ruinas del convento. Los zarcillos de su cresta ondularon a medida que su cuerpo escamoso se liberaba de su prisión humana, saliendo al mundo con el sonido de cientos de almas desgarradas por dientes de sierra. El Dragón se alzó victorioso, elevándose por encima de las ruinas y del estupefacto templario.

-Por San Jorge... -saliendo de su asombro, el espectro avanzó hacia el bastón relámpago que el hombre había creado, recogiéndolo sin detener su vuelo y cargando contra la cabeza del Dragón- ¡SANTIAGO! ¡SANTIAGO!
 
 El combate fue clamoroso. La negra bestia se enroscaba sobre si misma, derribando árboles y rocas, abriendo oscuras brechas en el espacio a su alrededor, grietas en la misma matriz de la existencia, intentando atrapar con sus fauces al veloz espíritu que giraba vertiginoso a su alrededor. El fantasma lanzaba incansable poderosos mandobles con su brillante arma sobre las escamas de obsidiana, liberando tremendas descargas eléctricas que se dispersaban por toda la zona, crepitando violentamente y yendo a formar pequeños incendios en la vegetación. El escenario del ruinoso convento pronto se convirtió en un paisaje apocalíptico tachonado de fuego, relámpagos y agujeros negros, lleno el ambiente de cenizas que flotaban entre la cegadora luz y de los gritos del viejo templario replicando al continuo y estridente gemido del Dragón. Cada golpe resonaba con la contundencia de un trueno, haciendo temblar la misma tierra.

Abajo, en el valle, los escasos habitantes de Valsaín que permanecían despiertos a tales horas contemplaron santiguándose cómo de las viejas ruinas encantadas surgió una terrible tormenta que se prolongó durante horas hasta extinguirse, dejando únicamente los dispersos focos amarillentos de los pequeños incendios que el cataclísmico enfrentamiento había provocado.

El hombre abrió los ojos para ver cómo el Dragón que surgía de su pecho atrapaba al espectro con sus fauces, desgarrando su fantasmal cuerpo. Reuniendo sus últimas fuerzas, Hugo de Marignac, caballero templario, descargó un último golpe con su fulgurante arma sobre el cuello de la criatura, provocando que ambos desaparecieran en un último estallido de luz.

Mareado y desorientado, el encapuchado logró levantarse y dirigirse entre tambaleos hacia el lugar en el que el templario había alcanzado la redención. Recogió el viejo bastón para sostenerse, de nuevo fiel instrumento de madera, y permaneció alerta, observando y escuchando con atención.

Algo se arrastró a su derecha. El hombre se encaró en aquella dirección y apartó con el bastón unas cuantas rocas sueltas de bajo las cuales provenía el ruido. El cuerpo maltrecho de un pequeño lagarto, de escamas negras como la obsidiana y dientes estilizados como agujas se reveló ante él. La patética criatura le miró con aquellos ojos grises de odio puro que tan bien conocía y emitió un molesto chirrido de ira. De su cuello caía un icor blanquecino, sangre de Dragón, manando del profundo tajo que el espectro le había infligido.

-Despojado de tu poder y moribundo...prometí que algún día acabaría contigo.

El reptil detuvo sus espasmódicos movimientos de rabia y volvió a mirar al que había sido su huésped durante tanto tiempo, con un destello de comprensión en los ojos malvados. Ese día había llegado, y la criatura fue finalmente consciente de ello. Con un último grito de desafío, el Dragón agitó violentamente su cabeza alante y atrás, pegando tirones de su cuello hasta que este acabó de desgajarse, decapitándose a si mismo.

Tras ver cómo el cadáver del monstruo se deshacía en cenizas, el hombre encapuchado se alejó del lugar por la vía que bajaba hacia el valle con una sonrisa iluminando su rostro. Él también había alcanzado la liberación.

Grey Arkhane

lunes, 30 de julio de 2012

Via Lactea (caer hacia el cielo)

The Liminal Passage by Eluveitie on Grooveshark  

Según la teoría del multiverso, ahora mismo elijo no escribir esto. Apago el ordenador, me arrojo al acogedor colchón y hundo mi cabeza en la almohada, cayendo inconsciente hasta el nuevo amanecer al que recibo con una sonrisa.

Pero también aguanto algo más de tiempo despierto, poniendo a trabajar mi memoria para llevar las horas recientes a palabras que permanezcan más allá del propio recuerdo, más puro e intenso pero también efímero.

El cansancio en mis piernas y mis hombros guarda el ritmo de incontables pasos naciendo en un sacrificado ascenso bajo el sol poniente y finalizando junto al castillo frente al lago, tan lejos de donde en un principio pensaron llegar, tomado el imprevisible camino de la aventura frente al discurrir de las líneas sobre un mapa. Manos y pies atesoran el tacto del bastón al buscar apoyo, el trabajoso discurrir por los senderos sembrados de cantos y las diversas ascensiones al techo del mundo, de donde mis ojos albergan el vuelo de las águilas sobre los valles y cumbres que se pliegan hacia el horizonte, y mi corazón la pérdida del miedo.

Elegimos, tres aventureros, investigar las maquinaciones de retirados genios maléficos, contemplar la mirada intrigada en el oscuro rostro de la muerte y perseguir al último fulgor del día. Asistimos al horror que habitamos cada día, nuestros pulmones exultantes de aire verdadero y relajados por fin tras tanto tiempo de sufrimiento, nuestros oídos sumergidos en la ausencia de tormento. Y con valor afrontamos la noche, en la complicidad de quienes se encuentran en los rincones del fin del mundo, para caminar al amparo de la cariñosa guía de Selene.

Allí donde a la mañana siguiente nos encontramos perdidos hicimos nuestra la tenacidad de seguir adelante, a la incertidumbre que se cernía sobre nuestro devenir en lugar de acogernos a la falsa seguridad del futuro conocido. Los errores nos llevaron al conocimiento, y este a la experiencia de los pasajes encontrados a bosques que nunca esperamos llegar a ver, al final inesperado y satisfactorio de un día que se dividió en dos.

Y, entre medias, la labor compartida del hogar repentino, el sueño abrigado en la cercanía de quienes comparten tus andanzas, el Gran Misterio expuesto ante nuestros ojos. Bajo la pálida mirada de la diosa y el auspicio de los astros, tres almas cayeron hacia el vacío a través del blanco pasaje a Santiago que cruza el núcleo de nuestra galaxia, Camino sacro en el cielo que refleja a aquel en la tierra. En ese momento nos hicimos pequeños y al tiempo infinitos, bendecidos con la luz de los deseos que habrán de cumplirse, armados con la revelación de la serenidad encontrada más allá de nuestras propias vidas.

Regresamos a ellas al final del día, exhaustos y plenos. Ahora los tres dormimos un merecido y profundo sueño, mientras yo aún cierro la crónica de tales sucesos.

Cosas del multiverso.

Grey Arkhane

miércoles, 25 de julio de 2012

Sturm und drang

Dawnrazor (live) by Fields of the Nephilim on Grooveshark

El olor a ozono rescata mis pensamientos 
del veneno de las pasiones enturbiadas, 
del humo rojizo y pesado que emploma el alma,
de la sanguínea y bestial ansia del sediento.

Efluvio que me devuelve a lo etéreo y amargo,
a la fatiga de la muerte de los sueños,
a la primordial memoria del ancestral miedo,
al camino que entre las sombras aún es largo.

Aserradas dagas rasgan el cielo plomizo,
bálsamo al erial de los desérticos días,
cegadora bendición de su violento filo.

Zigzag que hiende parda tierra y luz podrida,
resplandor argénteo en la mano de los dioses,
atalaya que guía a la embarcación perdida.

Grey Arkhane

Bocado de reyes

Skin and Bones by Foo Fighters on Grooveshark 

Lentamente giras el espetón, permitiendo que las llamas de esa ira perenne y callada que crepita en tu interior laman con cuidado cada porción de la superficie crujiente que rodea tu corazón. Observas cómo estalla una pequeña burbuja de rojiza esperanza que cae al fuego con un chisporroteo y suspiras con la resignación necesaria para las tareas pacientes.

Sin dejar de girar cuidadosamente el tostado pedazo de carne, aplicas con una pequeña brocha una nueva capa de decepción y le añades un chorrito de despecho. Las llamas trepan sobre la carne al contacto del espirituoso líquido, recorriendo las vetas venosas antes de extinguirse. Ahí está el secreto, piensas, en ese añadido continuo de emociones intensas, cada vez menores, que tiento a tiento churruscan cada vez más la corteza del corazón volviéndola dura y crujiente sin que pierda su sabor o se consuma en cenizas, dejando reducir la esperanza que alberga en su interior hasta consumirse por completo pero, al mismo tiempo, logrando que su sabor impregne la carne. Sonríes al recordar todos los fallidos ensayos previos en los que tu corazón aparentemente bien cocinado seguía sangrando al cortarlo, latiendo al pulso de las arterias aún sin pasar.

La experiencia es un grado, desde luego, así que sigues girando el espetón con el puso firme del cocinero curtido, deteniéndolo un momento para clavar en él el aguijón metálico de la frustración y extraerlo al instante junto con pequeños trocitos amoratados manchando su punta. Aún serán necesarias un par de vueltas más.

Una nueva capa de decepción y un especiado generoso de culpa y recelo acompañan los últimos giros del espetón antes de que tus manos enfundadas en gruesas manoplas de cuero lo extraigan de su soporte para sumergirlo en un cuenco de reflexión y lo devuelvan de inmediato al mismo centro del fuego. Vigilas atentamente con la mirada: La reflexión debe cubrir toda la superficie de manera homogénea, sin grietas que chamusquen la crujiente carne bajo ella ni grumos que queden sin caramelizar. Así, perfecto.

Extraes tu corazón del fuego y lo sacas de una pieza desde el espetón a una bandeja de tamaño adecuado, presentándolo sobre una base de recuerdos y pan de memoria con un par de errores añadiendo una nota de verde intenso como decoración. Y de ahí a la mesa.

Aguardas de pie a que el Tiempo aparezca para degustar tu última obra maestra, poseido por un nerviosismo que no dejas traslucir. ¿Habrás seguido los complejos pasos a la perfección? ¿Habrás cometido algún error imperceptible? ¿Estará correctamente sazonado y especiado? ¿Será de su gusto?

Y entre estas y otras cuestiones el Tiempo aparece, inundando el salón con su amedrentadora presencia y tomando lugar frente a su banquete. Incapaz de atisbar siquiera la enloquecedora mirada de su aterrador rostro te preguntas si esta vez quedará saciado, liberándote de la carga de cocinar tu corazón para él una y otra vez a través de los años. Tensas los puños y aguardas el veredicto.

Grey Arkhane

lunes, 23 de julio de 2012

Dejar atrás

My Name by Lhasa de Sela on Grooveshark  

Es fácil olvidar en los momentos de júbilo que todo tiene un final. Que toda historia se cierra en una última página, que todo camino llega a algún lugar. Que todo acaba tarde o temprano.

Cada proyecto en el que nos embarcamos, cada proceso que iniciamos, acaba sucumbiendo al paso del tiempo ("El tiempo es el destructor de la vida", como dijo André Matos). Pues no sólo las distintas fases de nuestra existencia se suceden en precisos ciclos cerrados, sino también todo aquello que nos rodea: Los lugares en los que habitamos cambian hasta volverse irreconocibles, extraños, y los paisajes de nuestra niñez acaban por desaparecer entre asfalto y cemento. El mundo en el que vivimos avanza vertiginoso hacia su propio e inevitable colapso, víctima de nuestra ceguera ante falsos dioses, pues incluso nuestra existencia como especie ha de llegar a su final.

Transitamos por la Realidad cerrando puertas a nuestras espaldas que nunca volverán a abrirse, dejando también atrás a quienes nos acompañan en ese camino. Amigos, amantes y amores ahogados por el tiempo con llanto e ira, cicatrices que calan en nuestra alma, pesados lastres que se superponen y compactan en las vetas que constituyen nuestra memoria. Pues eso es lo que nos define en última instancia: aquello que hemos dejado atrás, el archivo corrupto de nuestros recuerdos, la experiencia ganada a través del dolor de perder una y otra vez aquello que en algún momento nos hizo felices. A base de traiciones, errores o de las simples consecuencias de elecciones propias y ajenas nos alzamos sobre los cuerpos de aquellos que se pierden en nuestra historia personal para nunca volver, construyendo con los huesos de su recuerdo el armazón de nuestra identidad, regando con la mezcla de su sangre y la propia el árbol de nuestro conocimiento.

Y así avanzamos, creciendo a medida que quemamos el camino a nuestras espaldas, pagando el precio de fracasar al tratar de salvar aquello que amamos para ganar una dudosa sabiduría. Así avanzamos, en realidad siempre solos, perdiendo todo lo demás por el camino hasta llegar al último e ineludible final, en el que hallamos de perdernos también a nosotros mismos.

Hoy extraño al despertar una espalda tendida bajo mi mano y las suaves líneas que mis dedos siguieron tantas veces sobre ella. Un cadáver más en la pila que me alzará a ninguna parte.

Grey Arkhane

jueves, 19 de julio de 2012

La naturaleza del león


The Rains Of Castomere by The National on Grooveshark
  
And who are you, the proud lord said, 
that I must bow so low?
Only a cat of a different coat.
that's all the truth I know.

In a coat of gold or a coat of red,
a lion still has claws,
and mine are long and sharp, my lord,
as long and sharp as yours.

And so he spoke, and so he spoke,
that lord of Castamere,
but now the rains weep o'er his hall,
with no one there to hear.
Yes now the rains weep o'er his hall,
and not a soul to hear.
-Canción de Hielo y Fuego (George R.R. Martin)

jueves, 12 de abril de 2012

Las leyendas de la Guardia


Peaceful Moments by Adam Skorupa on Grooveshark

"Lo haré más agradable...¡un concurso! Regaladle a mis oídos la mejor historia y todas vuestras cuentas serán anuladas. Si no ganáis, deberéis pagar vuestras deudas en siete días u os denunciaré al Magistrado y al Alcalde.

Tres reglas: La historia no puede ser ni completamente verídica, ni completamente falsa, y no la he debido de escuchar nunca antes."

Se guardaron un par de dientes de cada cabeza de las cinco serpientes que una vez rodearon todo lo que era. Los dientes fueron ahuecados para convertirlos en cuernos de alerta. Diez cuernos fueron distribuidos a los asentamientos más grandes de los territorios y fueron tallados para adornar el escudo de cada lugar. Después de veinte inviernos, solo cinco han permanecido: los de Dawnrock, Copperwood, Flintrust, Grasslake y Ferndale. 

Se dice que cuando los cinco cuernos sagrados fueron soplados a la vez sonó un bramido tan fuerte y resonante que pudo incluso haber alejado a un alce en celo en primavera.

En 942, Rosestone y Cedarloch estaban gobernadas por el rey Souree de la corona de plata y el rey Lutch de la corona de oro. Las disputas entre reinos se debían a que ambos habían hecho prisionera a la reina del otro. Como entonces los reyes solucionaban por sí mismos sus problemas, Souree se enfrentó a Lutch en el puente de la cárcel de Cedarloch, en una lucha que los enfrentó hasta que ambos asestaron el golpe mortal. 

Se dice que ninguna de las reinas fue liberada jamás.


Durante la noche más larga del invierno de 1106 en Lillygrove, el fiel guardián de los libros, Gregor, fue testigo de la aparición de un espíritu incorpóreo. El fantasma ratón reivindicaba ser "Calla",  la primera matriarca de la Guardia. Cuando Gregor balbuceó: "Nosotros sólo conocíamos la existencia de la cuarta, Laria, que no escribió nada de sus antecesoras", ella le apuñaló con su espada espectral y se desvaneció.

Allí donde había sido herido, el pelaje de Gregor se volvió blanco brillante y sentía un agudo dolor antes de cada nevada.

La orden de los Wythrashers estaba formada por ocho ratones que montaban pájaros idénticos. Los jinetes conocían sus monturas y les hablaban sin palabras, con sutiles movimientos de cabeza. Ningún ratón conocía su origen ni cómo habían conseguido ese vínculo. Algunos creían que vivían en un nido en lo alto de un fresno en Seyan, pero nunca se demostró. El jefe de la orden, Pedair, y su pájaro Pyra fueron asesinados por un halcón y cayeron al mar.

Los que lo vieron dicen que los otros siete lo siguieron, sin haber sido golpeados, hasta su tumba de agua, de la cual nunca regresaron.

Con la intención de descubrir y de trazar un pasaje marítimo que uniera el mar del norte, alrededor del territorio salvaje, con las aguas del sur cerca de Lillygrove, los exploradores Jakob de Burl y Rupert de Darkwater zarparon junto a una tripulación de diez ratones. Durante una tormenta naufragaron en tierra desconocida. Los exploradores, junto con tres ratones de la tripulación, construyeron una embarcación que les permitió regresar a los territorios de los ratones.

Jakob afirmó que una estrella muy brillante, que formaba parte de una constelación en forma de garza, les había indicado el camino a casa, siguiendo la dirección que apuntaba su pico.

"Entonces prepárate, June...

Mi historia es de hace mucho tiempo, antes de que nuestros peludos ancestros escribieran sus pasados..."

-Leyendas de la Guardia (David Petersen, Varios Artistas)

lunes, 9 de abril de 2012

Eclosión

Dr. Tyrell's Death by Vangelis on Grooveshark

Lo percibes antes de que ocurra, como el suave crujido de las placas tectónicas que precede a la erupción de un volcán. Sientes la negra bilis de la comprensión subir por tu garganta hasta acariciarte el paladar, y la sangre evaporándose en una nube roja que eclipsa tu razón y tu voluntad, ambas incitándote a desatar la merecida furia que las libere.

Les das ese pequeño instante necesario para que bilis y sangre coagulen en ese reptil escamoso que ha de atormentarte en días venideros, ese demonio que ha de arrastrarse por el blando tejido de tu ser alimentándose de sueños e ilusiones, destruyendo certezas y recuerdos. Lo dejas eclosionar, oyendo con náuseas su primer siseo repleto de odio al mundo que le ha dado a luz.

Rápidamente lo agarras con unas tenazas, apretando con fuerza bajo su ahusada cabeza para evitar que muerda las partes aún sanas de tu maltrecha mente y lo sumerges en un recipiente de cristal blindado lleno de ácido. Cierras la tapa hermética y colocas el bote en la cápsula que ha de descender hasta las profundidades olvidadas de tu psique, allí donde nada más llega, allí de dónde nada sale.

Te invade una calma sucia, ausente. En secreto rezas para que esa nueva criatura a la que has enviado al olvido no regrese jamás, no escape nunca de su necesaria prisión. En cuanto lo haces te das cuenta de lo ridículo de tal acto: ningún dios va a escuchar tu súplica, nada va a evitar el regreso del Dragón.

Así que te sientas, distraido, a contar los minutos que te quedan de cordura.

Grey Arkhane