jueves, 22 de noviembre de 2012

La voz verdadera

Place Of Memory by 植松伸夫 on Grooveshark  

Hay una voz que conoce el camino. Una voz que no teme al rumor del mundo y que con ojos despiertos a la memoria vive y recuerda. Plenitud, susurra, y la carne cansada y débil se nutre de nuevas fuerzas como si vistiese a un espíritu distinto. Y tal es, pues esa voz es la voz verdadera, aquella que habla con razón y fluye en armonía con la corriente de las emociones. La voz que encierra el poder de un nombre y el consuelo de un sentido, la voz que reside en el origen de mi ser, donde aún brilla con una luz pura.

Pero entre esa voz y yo se alzan cientos de muros, de agrietados senderos que se retuercen y cruzan hasta acabar en oscuros rincones sin salida. Como capas geológicas se agolpan y acumulan en torno a ese núcleo brillante, ocultándolo ante el mundo, opacando su fulgor, tiñéndolo de la sucia y gris ceniza que la erosión arranca de cada dura corteza. Como hilos atrapados en un gigantesco nudo se abren los pasadizos en esa concéntrica muralla: caóticos, entrelazados y erróneos, indescifrables grietas en su seno de roca cuyos salientes y recovecos deforman la voz verdadera en cientos de ecos malvados, perversas imitaciones que emergen a la superficie en constante disputa, enemigas de la razón y perturbadoras de la emoción que llenan los sombríos pasajes del laberinto con su conflicto sangriento e irresoluble.

Ocurre a veces que susurros de verdad escapan de esta prisión de muros y voces y la angustia que todo lo cubre como un manto de niebla baja se disuelve, se evapora, dejando que la voz verdadera resuene con claridad y confianza. Son momentos de paz y certeza, de vida y voluntad. Deliciosos, brillantes y escasos.

Como guardianes celosos los muros se alzan de nuevo, devolviendo la pegajosa niebla de la angustia al confuso panorama de sus resquebrajados paisajes y el molesto fragor de cientos de voces en guerra al interior de una mente demasiado pequeña para contenerlas. Olvidada la certeza de la voz verdadera, todo lo que queda es la habitual monotonía carente de esperanza. 

Grey Arkhane

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cuento de Navidad

Humble Stance by Saga on Grooveshark

Me los encuentro al doblar la esquina, absorto en el reflejo de la luz de gas filtrándose entre la niebla que inunda las calles. En un primer momento le echo la culpa precisamente a la niebla del aspecto que muestran a mis ojos, como difuminado y descolorido, pero enseguida los reconozco y les pregunto por tan inesperado encuentro.

El Fantasma de las Navidades Pasadas ya no me habla de tragedias profundas como surcos de ríos desecados, sino de la fe en el futuro que se perdió en algún momento de mi tránsito de ida y vuelta a esta tierra. Se sienta a jugar con sueños de niño, ignorante de que es ya un anciano. Parece darle igual, y se aferra a sus juguetes esperando que estos se conviertan de nuevo en toda la realidad a su alrededor. El pobre infeliz desaparece con una sonrisa radiante y un cómic en las manos.

El Fantasma de las Navidades Presentes me agarra del hombro y con una sonrisa ebria me invita a una birra. “No bebo”, le contesto mecánicamente, él agota su monstruosa jarra y pide otra a un camarero inexistente. “Peor para ti, colega, peor para ti…”. En su mirada alcoholizada alcanzo a ver cierto brillo cruel, ese brillo que sólo se encuentra en la mirada de un perdedor que ha encontrado alguien de quién burlarse, alguien aún más lamentable que él. Sin embargo, se queda callado y serio y le da otro largo trago a su jarra, inexplicablemente llena de nuevo. “Que te den”, sentencia, “masoca de mierda”. Antes de que pueda contestarle, se esfuma en el aire dedicándome un corte de mangas.

El Fantasma de las Navidades Futuras se encoge de hombros y se lava las manos. “Yo ya no tengo sentido, ni trabajo, tío”, parece decirme, “ya no hay navidades futuras”, y lo dice como quién se ha quitado de encima un marrón, la pesada lápida de las expectativas a cumplir, la agobiante perspectiva de conocer el camino que queda por recorrer. Todo él exuda esa actitud relajada y opiácea de quién ha sobrepasado toda la presión que puede soportar y se deja descarrilar por la pendiente al abismo que hay al otro lado. Este se marcha silbando, con las manos en los bolsillos.

“¡Eh! ¡EH! ¿Y el resto? ¿Y los consejos, las advertencias, la moraleja?”, le grito al silencio nocturno, indignado. “Además, llegáis con un mes de adelanto, mamones”, añado. “Hay que joderse”, pienso, “ni siquiera los cuentos navideños me van como deberían”. Me giro y vuelvo a encaminarme a casa. Una hoja de papel arrastrada por el viento viene a estrellarse contra mi pecho. Parece uno de esos típicos panfletos de predicadores y chamanes callejeros.

***21-12-2012, FIN DEL MUNDO SEGÚN LOS MAYAS ¿ESTÁS PREPARADO?***

“Hijos de puta…”

Grey Arkhane

miércoles, 24 de octubre de 2012

Inacción deliberada

Sinner by Neil Finn on Grooveshark 

Hoy el insomnio vuelve a visitarme, y con él el conocido cosquilleo que comparten mis dedos y el fondo de mi consciencia, ese cosquilleo que siempre se traduce en palabras vertidas sobre el papel (o la pantalla). Será que mi musa trasnocha, y con la mala leche que la caracteriza viene a incordiarme para que no la deje sola a estas horas de la noche, con tantas cosas en la cabeza y nadie con quién compartirlas.

Sea como sea vuelvo a gastar tinta dándole vueltas a las mismas ideas de siempre, a esas que me conducen a eternos e inacabables soliloquios: La falta de propósito personal y global, el carácter incompleto y frustrante común a todas mis relaciones personales y el papel de mis huecos y rarezas en ello, el irresoluble conflicto entre mi necesidad de fe bajo crisis constante y mi cinismo nihilistoide, el miedo al futuro y la añoranza de un pasado más sencillo. Vueltas y vueltas en esta espiral sin final aparente, intrascendente y terrible.

Ese propósito se ha grabado a fuego en mi mente, la autoimpuesta tarea en este exilio de nieblas de la resolución de esa espiral inacabable. Resolución que, me doy cuenta, llevo posponiendo largos años. Hasta aquí me han llevado los engranajes del tiempo, la pesada inercia de una vida encauzada que poco o nada me aportó salvo una creciente angustia que una y otra vez me arrastraba con la fuerza de la resaca a las profundidades innavegables de las emociones más dañinas que alberga el corazón humano.

Esta deliberada inacción frente a los engranajes de la costumbre es la reivindicación de mi soberanía existencial. Se trata de una elección egoísta y aristócrata que tomo porque puedo permitírmelo, por el simple hecho de que esos engranajes no contienen la promesa de la guadaña en su detención. Puede echársele la culpa a lo cómodo de mis circunstancias que considere que vivir una vida sin propósito es más deshonroso que no vivir y que esta noción guíe mis actos, pero resulta hipócrita evaluar esta cuestión bajo cualquier otra circunstancia: quizá entonces el propósito estaría claro y la duda no existiría. O si, y me sorprendería tomando la misma decisión bajo mareas menos amigables. Aventurar no tiene sentido, enfrentarse a lo presente (a mis circunstancias, mis huecos y mis miedos, mis perspectivas y emociones actuales) si.

Como un derviche sumido en su trance giratorio pretendiendo alcanzar a dios, como una peonza anclada en un punto fijo, dejo que el equilibrio dinámico pero caduco de esta espiral me guíe hasta su conclusión, hasta su resolución trascendente, antes de dar el siguiente (¿o primer?) paso de mi vida.

Grey Arkhane

sábado, 20 de octubre de 2012

Antes del invierno

Night Before Battle by Saint Seiya on Grooveshark

El aire en Oviedo antes del invierno huele a promesas y melancolía. Al detallado sueño de un niño que nunca llegó a crecer, atrapado en el cálido reflejo de las farolas sobre los viejos muros de la ciudad, a la inocencia sacrificada en el altar de la mera supervivencia.

Cuando se acerca el invierno y cae la noche, el aire en Oviedo se vuelve grave como el bramido del órgano que sostiene sobre sus hombros la alambicada trama de voces que tejen el salmo, y huele a la improbable mezcla del afilado eco de los lobos que aún acechan en la oscuridad y del pesado calor de las brasas que apenas nos defienden de ellos.

Es posible pasear por sus calles y embriagarse de ese viento frío que traspasa todo abrigo pretendido, émulo de hogar o refugio, ese recordatorio de lo que aguarda más allá de nuestros muros y nuestras fantasías esperando a que se agrieten y caigan. Y unido a él en eterna lucha, el calor de la desesperada oposición a ese destino inevitable del hombre, escondido tras la soberbia y la desesperación que encierran las armas de Prometeo. Siempre opuestos y armónicos, danzando en el eterno conflicto que alimenta el Universo.

Quizá persiguiendo la fuente de ese aliento glacial y esquivo, de ese susurro de húmeda hojarasca que niega la empresa humana colándose entre sus improbables torres, se pudiera perseguir por las empedradas calles al espectro huidizo de aquel niño olvidado hasta alcanzarlo en el seno del vendaval cuya naturaleza se empeñó en observar traspasando la protectora muralla de la razón. Y entonces regresar al mundo atesorando el verdadero nombre del Caos o perderse, para siempre, junto a aquel que nunca debí dejar de ser.

Grey Arkhane

domingo, 7 de octubre de 2012

Por qué odio los domingos


Abro los ojos incapaz de permanecer dormido y me recibe el mismo vacío del domingo de ayer. Mi cuerpo lidia con la repentina fatiga de otra noche de sueño sin descanso, la resaca de incontables horrores padecidos bajo la fría máscara de la inconsciencia. Los incómodos relieves del duro colchón presionan mis costillas, sirviendo a los invisibles fantasmas nocturnos que ya huyen de mi memoria. Me levanto y comienzo la primera oración del ritual.

El abrigo del agua despierta los nervios entumecidos y mis pensamientos se abren como pétalos de una flor al vacío que los rodea. Zarcillos de ideas se extienden a través de las gotas que humedecen mi piel, buscando a través del cálido vaho un propósito que me permita escapar al horror del domingo de hoy. El contacto con la tela y la luz del sol los cercena, y antes de que mi mente sucumba recito la segunda oración.

El intenso sabor de las entrañas de un animal muerto se apoya en mi lengua, extendiendo la placentera sensación de sus matices especiados por todo mi paladar, inundándome con su potente aroma de bocado exquisito. Lo disfruto a cada pequeño pedazo que desaparece entre mis dientes, y cuando acaba, expuesto a las largas horas de la tarde, me pregunto qué sentido tiene alimentar este sinsentido. De repente olvido la tercera oración y caigo al vacío.



Despierto algo más tarde, y el proceso de desembarazarme de mi mismo me lleva un largo rato. Como un insecto escapando del capullo que lo protege, corto las ataduras de ese sueño artificial en el que mi mente se sumerge ante el horror del vacío. Me obligo a abrir los ojos, estiro mis extremidades encogidas en torno a mi cuerpo, rechazo la calidez del lecho, la tentación de la dulce inconsciencia, y recuerdo la tercera oración. Me aferro a ella mientras mis pensamientos emergen de nuevo para dominar mis actos y cuando todo se ha estabilizado la entono.

El tiempo se desliza perezosamente a lo largo de la tarde, fluyendo con la lentitud propia de esa pesada viscosidad que el tiempo adquiere en domingo. Mi mente procura olvidarlo, entregada a resolver la entropía de objetos y papeles, de lugares e ideas. Leyendas pasadas se despliegan ante mis ojos, talismanes ocultos se atesoran bajo mis dedos, historia viva se alza a mi alrededor apresada en los pequeños recipientes de su materialidad. Mi mente permanece absorta en ello, pero nada alcanza mi corazón. Olvido el vacío hasta la cuarta oración.

Pequeñas criaturas se agolpan de nuevo en mi boca en un eco salado de la segunda oración. Se acerca el final del día y la ausencia de sentido parece ya menos monstruosa. A esas horas el vacío tiene ya cierto sentido, y la necesidad de inconsciencia una causa justificada. Finalizo la cuarta oración y dejo ir los últimos momentos de este domingo.

Mis pensamientos vagan ahora, condenada enredadera de brotes secos e insondables profundidades, de temblorosos pseudópodos que tantean en busca del sentido perdido que me haga llegar al nuevo día y angustiadas raíces incapaces de asirse a este suelo, a la vez demasiado duro y etéreo. No llegan a ninguna conclusión, no hay conclusión posible. Me abandono a la ansiada inconsciencia, preparándome para el ritual del domingo que vendrá mañana.

Grey Arkhane

martes, 2 de octubre de 2012

El pistolero y la Torre


Seize the Day by Demons & Wizards on Grooveshark 

Comienza a alejarse, se detiene y se vuelve para mirar otra vez a Roland.

Su rostro está sombrío, aunque parte de la enfermiza palidez ha desaparecido. Las sacudidas ya no son más que temblores ocasionales.

-A veces realmente no me comprendes, ¿verdad?

-No -susurra el pistolero-. A veces no te comprendo.

-Entonces voy a explicártelo. Hay personas que necesitan personas que las necesiten. La razón por la que no me comprendes es que tú no eres de esos. Tú me usarías y luego me tirarías a la basura como una bolsa de papel si fuera necesario. Dios se ha cagado en tu alma, amigo mío. Solo que tú eres suficientemente inteligente como para que eso te duela y suficientemente duro para seguir adelante y hacerlo de todas maneras. No serías capaz de evitarlo. Si yo estuviera tendido en la playa y pidiera ayuda a gritos, tú me pasarías por encima si yo estuviera entre tú y tu condenada Torre. ¿No estoy bastante cerca de la verdad?

Roland no dice nada, sólo observa a Eddie.

-Pero no todo el mundo es así. Hay personas que necesitan personas que las necesiten. Como la canción de Barbra Streisand. Trillado, pero cierto. No es más que otra forma de estar enganchado a algo.

Eddie lo mira fijamente.

-Pero cuando se trata de eso, tú estás limpio, ¿no es cierto?

Roland lo observa.

-Salvo por tu Torre -Eddie lanza una risita corta-. Eres un yonqui, Roland. Un drogadicto de la Torre.

-¿En qué guerra fue? -susurra Roland.

-¿Qué cosa?

-La guerra en la que te volaron de un tiro el sentido de la nobleza y los propósitos.

Eddie retrocedió como si Roland le hubiera pegado una bofetada.

-La Torre Oscura, vol.II: La Llegada de los Tres (Stephen King)

jueves, 20 de septiembre de 2012

Metodología del orden

Sign of the Bene Gesserit by Brian Tyler on Grooveshark 

"Arrakis enseña la actitud del cuchillo... cortar lo que es incompleto y decir: "Ahora ya está completo porque acaba aquí"" - Dune, Frank Herbert.

El orden es un proceso costoso. Acometer el caos que durante años ha campado libre por los rincones de lo visible, catalogarlo, compartimentarlo y estructurarlo se convierte en una labor minuciosa y lenta, muy lenta.

El orden es el hijo de la lógica y sólo puede imponerse mediante un método aséptico y quirúrgico, como el de un cirujano al extirpar un tumor o el ritual necesario para comer pescado. Como en estos procesos, no es solo lo sistemático del proceso lo que garantiza el éxito sino también esa peculiar filosofía arrakena en torno a los extremos afilados, el separar lo útil de lo obsoleto, lo sano de lo enfermo. Convertir lo incompleto en completo al eliminar lo sobrante, aquello que lo lastra y pervierte.

En ese ejercicio se quedan atrás bolígrafos que ya no escriben, instrumentos que ya no uso y documentos que ya no necesitaré volver a leer, pero también bocetos que nunca acabaré, ideas que jamás desarrollaré o recuerdos que ya no tienen significado para mi. Esa parte de mi pasado sacrificada al todopoderoso Tiempo y que tan sólo era ya un jirón alimentando el caos.

En esa pretensión de completitud uno se plantea dónde reside el extremo, por qué ha de cercenarse aquí y no allí, eliminar esto y no aquello. Son las propias matemáticas del orden las que determinan la solución, tomando las riendas antes de que la mente o el corazón se planteen que, en realidad, todo es transitorio, todo es prescindible, y que con el cuchillo en la mano un cirujano bien puede transformarse en asesino sin apartarse de la misma línea de pensamiento. Benditas ecuaciones autorresolubles.

Y así transcurren los días, con la frontera entre los reinos del Orden y el Caos reconfigurándose lenta e inexorablemente bajo la implacable máquina de guerra del primero, mientras la mano que sostiene el cuchillo realiza su labor sin una sombra de duda y la mente tras ella se cuestiona si la matemática será tan precisa en el momento en que la punta deje de apuntar hacia fuera y deba dirigirse hacia dentro.

Grey Arkhane

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cada simple frase

Closer by Kings of Leon on Grooveshark

Abre los ojos a la niebla que ahora es tu vida. Desembarázate de los sueños que se agolpan en las lindes de la inconsciencia para azotar tu conciencia hasta el último resquicio de tiempo, asume el dolor de tu cuerpo como su estado natural y levántate a saludar al nuevo día que siempre madruga más que tú.

Sumérgete en el agua hirviendo de tus tribulaciones, inhala el vapor ardiente y sueña con ahogar tus pensamientos en él, suave muerte que arruga tus dedos, pero escapa en el último instante, de vuelta a los fantasmas de tu presente que no son sino aquellos otros tú que han logrado ser felices. Olvídalos. Olvida.

Que tus manos sean las artífices del cambio. Desplaza la madera y el conocimiento, mueve bosques de tinta y efigies de héroes y dioses cuyos nombres ya no recuerdas. Siente su peso sobre tus hombros, el tirante entramado de nervios que esconden tus brazos tensándose al aceptar su carga, el sudor resbalando por tu rostro y la base de tu espalda, llevándose consigo los demonios que aguardan bajo tu piel. Conviértete en el trabajo, en la acción pura, olvida que eres persona, olvida que eres hombre, olvida tu rostro y tu nombre y sé la fuerza del cambio que mantendrá todo exactamente como estaba. Exorcízate, oh, espíritu impuro, sana en la niebla de tu nueva existencia y olvida. Olvida.

Sigue el curso del sol destruyendo los extremos incompletos de tu historia ya cerrada, elimina los esbozos de proyectos inacabados, los bosquejos de diseños irrealizados, los bocetos de futuros nunca alcanzados. Selecciona, rompe y rasga. Impón de nuevo el orden a lo que te rodea, convierte tu historia cerrada en el pulcro reflejo tamizado que abomine del caos en que te convertiste, hasta que tú mismo acabes por creer en ello. Reniega de la incertidumbre y la apatía que marcaron ese pasado que ya no existirá nunca más. Olvídalas. Olvida.

Asiste a la muerte del sol y da gracias a los dioses de esta vieja tierra. Un día más, un paso más en la niebla que ha de sanar tu espíritu.

Entonces lee sus palabras llamándote entre un público invisible y silencioso, siente esa opresión en tu pecho que cada simple frase despierta, evocando el candente dibujo de las marcas sobre tu piel, arrastrándote de vuelta a cada uno de los rincones que perdiste. Escucha su voz susurrando tu nombre, convocando a las armas a cada uno de los recuerdos que juraste olvidar. Recuerda.

Recuerda. Y abre de nuevo todas tus heridas.

Grey Arkhane

Tras el último umbral

Death by AoE on Grooveshark 

Con el sordo retumbar del cuero viejo al aprisionar las últimas páginas del libro que ahora cierro, despierto de un sueño de diez años.

A mi alrededor sólo queda la niebla gris y vaporosa que habita cada rincón de esta ciudad, antigua, onírica y atada a mi espíritu con el peso de trece generaciones de reyes tallados en piedra. Niebla que se respira, húmeda y fría, sanadora del alma quebrantada en el largo sueño.

El mundo se ha movido desde la última vez que habité este lugar. Despierto a un hogar que me encuentra cambiado, marcado mi rostro de arrugas, trazado mi pelo de plata, surcado mi corazón de grietas, reseco y curtido por la larga batalla en cuyo sentido nunca llegué a creer. Y tras el sueño queda la certeza del dolor sufrido, de la integridad perdida y la inocencia sacrificada a cambio de una apenas hipotética sabiduría. Qué precio tan alto para una victoria tan incierta.

Suspiro ante este despertar que me convierte en un extraño en mi propia tierra, en alguien tan distinto y no mejor que quién cerró los ojos hace una década para vivir el sueño de Ícaro. Demasiado cerca del sol, víctima de mi orgullo, el último umbral atravesado de vuelta a la vigilia devuelve los restos de un hombre quebrado por el peso de su propia convicción, el interior repleto de sombras y ruinas, de historias medio olvidadas y lecciones desaprendidas.

Y ahora, libre del sueño, doy los primeros pasos solitarios de este tránsito en la niebla cuyo vaporoso tacto me devuelve los susurros de los viejos dioses y la promesa de una ansiada curación, pero tras cuyo manto espectral alcanzo a advertir el implacable juicio de los ojos verdes del Destino.

Grey Arkhane

jueves, 16 de agosto de 2012

Actos de liberación

Tücskök Az Avarban by The Moon and the Nightspirit on Grooveshark  

"Los cuentos de hadas son bien ciertos. No porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que podemos vencerlos" - G.K. Chesterton.

Se materializó en la quietud de la noche como el suave crepitar de una llama al prenderse. La exhalación tejida en volutas de un humo translúcido y azulado se alzó sobre las rocas y raíces que se desperdigaban por el suelo del lugar hasta tomar la forma de un ser humano alto y delgado, envuelto en un manto blanco bajo el cual se atisbaban pedazos de metal herrumbroso.

El rostro descarnado, sin labios bajo la espesa barba blanca, apenas vibró imperceptiblemente cuando dijo:

-¿Quién pronuncia mi nombre? ¿Quién acude a buscarme? -sus rasgos apergaminados se contrajeron en  torno a los ojos blancos, vacíos. Pareció crecer cuando el halo fantasmal que le rodeaba crepitó, agitándose como una llama turbulenta. La cruz carmesí brillaba majestuosa en el centro de su tabardo, volviendo más oscuras las sombras del bosque y las ruinas a su alrededor.

-Ultreia. -dijo el hombre embozado en una capa verde que aguardaba tranquilo frente al espectro, alzando un bastón de avellano hasta colocarlo horizontalmente frente a si y revelando bajo su capa la blanca forma de una concha.

La figura fantasmal se contrajo cuando un espasmo de sorpresa cruzó su decrépito rostro. Tardó unos instantes en responder:

-E suseia...¿qué hace un peregrino tan lejos de la vía jacobea?

-Los tiempos han cambiado, frey. Nuevas vías avanzan a Compostela desde tierras que antes fueron de infieles, y pocos recuerdan a sus nobles protectores.

Una risa seca, carente de humor, se escapó entre los dientes de la criatura.

-Eres sabio al reconocer los viejos juramentos, peregrino. De otro modo -dijo, flotando amenazadoramente hacia el hombre y emitiendo un siseo de furia con cada palabra- ya te habría arrancado la mente y azotado tu alma con el dolor de incontables horrores.

-Basta, frey. -la mirada que el espectro encontró bajo la capucha hizo que detuviese sus amenazas- Vengo con una ofrenda para ti. Con una propuesta y un desafío. He venido a liberarte.

-¿¿LIBERARME?? -el encolerizado espíritu se alzó y comenzó a volar furiosamente alrededor del encapuchado, describiendo un torbellino azulado del que las palabras surgían como promesas de muerte- ¡Liberarme! ¿Qué sabes tú, ridículo mortal, de liberación, o de condena? ¿Qué sabes del dolor eterno que me ata a esta tierra y me niega el descanso? Maldito, maldito una y cien veces que por el juramento hecho a mi Orden no pueda...¡MALDITO! -pequeños guijarros y ramas se alzaron a su compás y golpearon el cuerpo del hombre, que permaneció impasible en el centro del pequeño huracán.

-¡FREY HUGO DE MARIGNAC! ¡Por romper tus votos fuiste condenado, por tu debilidad y tu ambición te fue negado el descanso eterno! -el encapuchado extrajo un frasco cristalino de su capa, en el cual refulgían unas pequeñas luces flotantes, tan intensas como aquellas que despuntaban sobre sus cabezas en el cielo nocturno. Con el pulgar destapó el corcho que lo cubría y derramó el brillante contenido a lo largo de su bastón. Este pareció absorber las luminosas motas y comenzó a despedir el mismo brillo argénteo hasta transformarse en una lanza de luz pura y cegadora- ¡He aquí un arma sagrada, forjada y bendecida con los deseos inexpresados de estrellas errantes! ¡Úsala y recupera tu honor, Hugo! ¡Protege al peregrino! ¡Haz honor a tus votos de nuevo!

El hombre encapuchado cayó de rodillas con un gruñido de dolor. Su capa se volvió negra como ala de cuervo.

-¿Proteger? ¿De qué habría de protegerte, insolente, si no de...?

El espectro no llegó a acabar la frase, deteniendo su iracundo vuelo en seco cuando de entre los pliegues de la capa del hombre arrodillado emergió el Dragón. La cabeza amplia y escamosa giró observando el entorno, con el mismo tejido de la realidad crepitando y crujiendo a su alrededor. Un grito antinatural emergió de las fauces repletas de las finas agujas plateadas de sus dientes, resonando en las viejas ruinas del convento. Los zarcillos de su cresta ondularon a medida que su cuerpo escamoso se liberaba de su prisión humana, saliendo al mundo con el sonido de cientos de almas desgarradas por dientes de sierra. El Dragón se alzó victorioso, elevándose por encima de las ruinas y del estupefacto templario.

-Por San Jorge... -saliendo de su asombro, el espectro avanzó hacia el bastón relámpago que el hombre había creado, recogiéndolo sin detener su vuelo y cargando contra la cabeza del Dragón- ¡SANTIAGO! ¡SANTIAGO!
 
 El combate fue clamoroso. La negra bestia se enroscaba sobre si misma, derribando árboles y rocas, abriendo oscuras brechas en el espacio a su alrededor, grietas en la misma matriz de la existencia, intentando atrapar con sus fauces al veloz espíritu que giraba vertiginoso a su alrededor. El fantasma lanzaba incansable poderosos mandobles con su brillante arma sobre las escamas de obsidiana, liberando tremendas descargas eléctricas que se dispersaban por toda la zona, crepitando violentamente y yendo a formar pequeños incendios en la vegetación. El escenario del ruinoso convento pronto se convirtió en un paisaje apocalíptico tachonado de fuego, relámpagos y agujeros negros, lleno el ambiente de cenizas que flotaban entre la cegadora luz y de los gritos del viejo templario replicando al continuo y estridente gemido del Dragón. Cada golpe resonaba con la contundencia de un trueno, haciendo temblar la misma tierra.

Abajo, en el valle, los escasos habitantes de Valsaín que permanecían despiertos a tales horas contemplaron santiguándose cómo de las viejas ruinas encantadas surgió una terrible tormenta que se prolongó durante horas hasta extinguirse, dejando únicamente los dispersos focos amarillentos de los pequeños incendios que el cataclísmico enfrentamiento había provocado.

El hombre abrió los ojos para ver cómo el Dragón que surgía de su pecho atrapaba al espectro con sus fauces, desgarrando su fantasmal cuerpo. Reuniendo sus últimas fuerzas, Hugo de Marignac, caballero templario, descargó un último golpe con su fulgurante arma sobre el cuello de la criatura, provocando que ambos desaparecieran en un último estallido de luz.

Mareado y desorientado, el encapuchado logró levantarse y dirigirse entre tambaleos hacia el lugar en el que el templario había alcanzado la redención. Recogió el viejo bastón para sostenerse, de nuevo fiel instrumento de madera, y permaneció alerta, observando y escuchando con atención.

Algo se arrastró a su derecha. El hombre se encaró en aquella dirección y apartó con el bastón unas cuantas rocas sueltas de bajo las cuales provenía el ruido. El cuerpo maltrecho de un pequeño lagarto, de escamas negras como la obsidiana y dientes estilizados como agujas se reveló ante él. La patética criatura le miró con aquellos ojos grises de odio puro que tan bien conocía y emitió un molesto chirrido de ira. De su cuello caía un icor blanquecino, sangre de Dragón, manando del profundo tajo que el espectro le había infligido.

-Despojado de tu poder y moribundo...prometí que algún día acabaría contigo.

El reptil detuvo sus espasmódicos movimientos de rabia y volvió a mirar al que había sido su huésped durante tanto tiempo, con un destello de comprensión en los ojos malvados. Ese día había llegado, y la criatura fue finalmente consciente de ello. Con un último grito de desafío, el Dragón agitó violentamente su cabeza alante y atrás, pegando tirones de su cuello hasta que este acabó de desgajarse, decapitándose a si mismo.

Tras ver cómo el cadáver del monstruo se deshacía en cenizas, el hombre encapuchado se alejó del lugar por la vía que bajaba hacia el valle con una sonrisa iluminando su rostro. Él también había alcanzado la liberación.

Grey Arkhane