martes, 2 de octubre de 2012

El pistolero y la Torre


Seize the Day by Demons & Wizards on Grooveshark 

Comienza a alejarse, se detiene y se vuelve para mirar otra vez a Roland.

Su rostro está sombrío, aunque parte de la enfermiza palidez ha desaparecido. Las sacudidas ya no son más que temblores ocasionales.

-A veces realmente no me comprendes, ¿verdad?

-No -susurra el pistolero-. A veces no te comprendo.

-Entonces voy a explicártelo. Hay personas que necesitan personas que las necesiten. La razón por la que no me comprendes es que tú no eres de esos. Tú me usarías y luego me tirarías a la basura como una bolsa de papel si fuera necesario. Dios se ha cagado en tu alma, amigo mío. Solo que tú eres suficientemente inteligente como para que eso te duela y suficientemente duro para seguir adelante y hacerlo de todas maneras. No serías capaz de evitarlo. Si yo estuviera tendido en la playa y pidiera ayuda a gritos, tú me pasarías por encima si yo estuviera entre tú y tu condenada Torre. ¿No estoy bastante cerca de la verdad?

Roland no dice nada, sólo observa a Eddie.

-Pero no todo el mundo es así. Hay personas que necesitan personas que las necesiten. Como la canción de Barbra Streisand. Trillado, pero cierto. No es más que otra forma de estar enganchado a algo.

Eddie lo mira fijamente.

-Pero cuando se trata de eso, tú estás limpio, ¿no es cierto?

Roland lo observa.

-Salvo por tu Torre -Eddie lanza una risita corta-. Eres un yonqui, Roland. Un drogadicto de la Torre.

-¿En qué guerra fue? -susurra Roland.

-¿Qué cosa?

-La guerra en la que te volaron de un tiro el sentido de la nobleza y los propósitos.

Eddie retrocedió como si Roland le hubiera pegado una bofetada.

-La Torre Oscura, vol.II: La Llegada de los Tres (Stephen King)

jueves, 20 de septiembre de 2012

Metodología del orden

Sign of the Bene Gesserit by Brian Tyler on Grooveshark 

"Arrakis enseña la actitud del cuchillo... cortar lo que es incompleto y decir: "Ahora ya está completo porque acaba aquí"" - Dune, Frank Herbert.

El orden es un proceso costoso. Acometer el caos que durante años ha campado libre por los rincones de lo visible, catalogarlo, compartimentarlo y estructurarlo se convierte en una labor minuciosa y lenta, muy lenta.

El orden es el hijo de la lógica y sólo puede imponerse mediante un método aséptico y quirúrgico, como el de un cirujano al extirpar un tumor o el ritual necesario para comer pescado. Como en estos procesos, no es solo lo sistemático del proceso lo que garantiza el éxito sino también esa peculiar filosofía arrakena en torno a los extremos afilados, el separar lo útil de lo obsoleto, lo sano de lo enfermo. Convertir lo incompleto en completo al eliminar lo sobrante, aquello que lo lastra y pervierte.

En ese ejercicio se quedan atrás bolígrafos que ya no escriben, instrumentos que ya no uso y documentos que ya no necesitaré volver a leer, pero también bocetos que nunca acabaré, ideas que jamás desarrollaré o recuerdos que ya no tienen significado para mi. Esa parte de mi pasado sacrificada al todopoderoso Tiempo y que tan sólo era ya un jirón alimentando el caos.

En esa pretensión de completitud uno se plantea dónde reside el extremo, por qué ha de cercenarse aquí y no allí, eliminar esto y no aquello. Son las propias matemáticas del orden las que determinan la solución, tomando las riendas antes de que la mente o el corazón se planteen que, en realidad, todo es transitorio, todo es prescindible, y que con el cuchillo en la mano un cirujano bien puede transformarse en asesino sin apartarse de la misma línea de pensamiento. Benditas ecuaciones autorresolubles.

Y así transcurren los días, con la frontera entre los reinos del Orden y el Caos reconfigurándose lenta e inexorablemente bajo la implacable máquina de guerra del primero, mientras la mano que sostiene el cuchillo realiza su labor sin una sombra de duda y la mente tras ella se cuestiona si la matemática será tan precisa en el momento en que la punta deje de apuntar hacia fuera y deba dirigirse hacia dentro.

Grey Arkhane

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cada simple frase

Closer by Kings of Leon on Grooveshark

Abre los ojos a la niebla que ahora es tu vida. Desembarázate de los sueños que se agolpan en las lindes de la inconsciencia para azotar tu conciencia hasta el último resquicio de tiempo, asume el dolor de tu cuerpo como su estado natural y levántate a saludar al nuevo día que siempre madruga más que tú.

Sumérgete en el agua hirviendo de tus tribulaciones, inhala el vapor ardiente y sueña con ahogar tus pensamientos en él, suave muerte que arruga tus dedos, pero escapa en el último instante, de vuelta a los fantasmas de tu presente que no son sino aquellos otros tú que han logrado ser felices. Olvídalos. Olvida.

Que tus manos sean las artífices del cambio. Desplaza la madera y el conocimiento, mueve bosques de tinta y efigies de héroes y dioses cuyos nombres ya no recuerdas. Siente su peso sobre tus hombros, el tirante entramado de nervios que esconden tus brazos tensándose al aceptar su carga, el sudor resbalando por tu rostro y la base de tu espalda, llevándose consigo los demonios que aguardan bajo tu piel. Conviértete en el trabajo, en la acción pura, olvida que eres persona, olvida que eres hombre, olvida tu rostro y tu nombre y sé la fuerza del cambio que mantendrá todo exactamente como estaba. Exorcízate, oh, espíritu impuro, sana en la niebla de tu nueva existencia y olvida. Olvida.

Sigue el curso del sol destruyendo los extremos incompletos de tu historia ya cerrada, elimina los esbozos de proyectos inacabados, los bosquejos de diseños irrealizados, los bocetos de futuros nunca alcanzados. Selecciona, rompe y rasga. Impón de nuevo el orden a lo que te rodea, convierte tu historia cerrada en el pulcro reflejo tamizado que abomine del caos en que te convertiste, hasta que tú mismo acabes por creer en ello. Reniega de la incertidumbre y la apatía que marcaron ese pasado que ya no existirá nunca más. Olvídalas. Olvida.

Asiste a la muerte del sol y da gracias a los dioses de esta vieja tierra. Un día más, un paso más en la niebla que ha de sanar tu espíritu.

Entonces lee sus palabras llamándote entre un público invisible y silencioso, siente esa opresión en tu pecho que cada simple frase despierta, evocando el candente dibujo de las marcas sobre tu piel, arrastrándote de vuelta a cada uno de los rincones que perdiste. Escucha su voz susurrando tu nombre, convocando a las armas a cada uno de los recuerdos que juraste olvidar. Recuerda.

Recuerda. Y abre de nuevo todas tus heridas.

Grey Arkhane

Tras el último umbral

Death by AoE on Grooveshark 

Con el sordo retumbar del cuero viejo al aprisionar las últimas páginas del libro que ahora cierro, despierto de un sueño de diez años.

A mi alrededor sólo queda la niebla gris y vaporosa que habita cada rincón de esta ciudad, antigua, onírica y atada a mi espíritu con el peso de trece generaciones de reyes tallados en piedra. Niebla que se respira, húmeda y fría, sanadora del alma quebrantada en el largo sueño.

El mundo se ha movido desde la última vez que habité este lugar. Despierto a un hogar que me encuentra cambiado, marcado mi rostro de arrugas, trazado mi pelo de plata, surcado mi corazón de grietas, reseco y curtido por la larga batalla en cuyo sentido nunca llegué a creer. Y tras el sueño queda la certeza del dolor sufrido, de la integridad perdida y la inocencia sacrificada a cambio de una apenas hipotética sabiduría. Qué precio tan alto para una victoria tan incierta.

Suspiro ante este despertar que me convierte en un extraño en mi propia tierra, en alguien tan distinto y no mejor que quién cerró los ojos hace una década para vivir el sueño de Ícaro. Demasiado cerca del sol, víctima de mi orgullo, el último umbral atravesado de vuelta a la vigilia devuelve los restos de un hombre quebrado por el peso de su propia convicción, el interior repleto de sombras y ruinas, de historias medio olvidadas y lecciones desaprendidas.

Y ahora, libre del sueño, doy los primeros pasos solitarios de este tránsito en la niebla cuyo vaporoso tacto me devuelve los susurros de los viejos dioses y la promesa de una ansiada curación, pero tras cuyo manto espectral alcanzo a advertir el implacable juicio de los ojos verdes del Destino.

Grey Arkhane

jueves, 16 de agosto de 2012

Actos de liberación

Tücskök Az Avarban by The Moon and the Nightspirit on Grooveshark  

"Los cuentos de hadas son bien ciertos. No porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que podemos vencerlos" - G.K. Chesterton.

Se materializó en la quietud de la noche como el suave crepitar de una llama al prenderse. La exhalación tejida en volutas de un humo translúcido y azulado se alzó sobre las rocas y raíces que se desperdigaban por el suelo del lugar hasta tomar la forma de un ser humano alto y delgado, envuelto en un manto blanco bajo el cual se atisbaban pedazos de metal herrumbroso.

El rostro descarnado, sin labios bajo la espesa barba blanca, apenas vibró imperceptiblemente cuando dijo:

-¿Quién pronuncia mi nombre? ¿Quién acude a buscarme? -sus rasgos apergaminados se contrajeron en  torno a los ojos blancos, vacíos. Pareció crecer cuando el halo fantasmal que le rodeaba crepitó, agitándose como una llama turbulenta. La cruz carmesí brillaba majestuosa en el centro de su tabardo, volviendo más oscuras las sombras del bosque y las ruinas a su alrededor.

-Ultreia. -dijo el hombre embozado en una capa verde que aguardaba tranquilo frente al espectro, alzando un bastón de avellano hasta colocarlo horizontalmente frente a si y revelando bajo su capa la blanca forma de una concha.

La figura fantasmal se contrajo cuando un espasmo de sorpresa cruzó su decrépito rostro. Tardó unos instantes en responder:

-E suseia...¿qué hace un peregrino tan lejos de la vía jacobea?

-Los tiempos han cambiado, frey. Nuevas vías avanzan a Compostela desde tierras que antes fueron de infieles, y pocos recuerdan a sus nobles protectores.

Una risa seca, carente de humor, se escapó entre los dientes de la criatura.

-Eres sabio al reconocer los viejos juramentos, peregrino. De otro modo -dijo, flotando amenazadoramente hacia el hombre y emitiendo un siseo de furia con cada palabra- ya te habría arrancado la mente y azotado tu alma con el dolor de incontables horrores.

-Basta, frey. -la mirada que el espectro encontró bajo la capucha hizo que detuviese sus amenazas- Vengo con una ofrenda para ti. Con una propuesta y un desafío. He venido a liberarte.

-¿¿LIBERARME?? -el encolerizado espíritu se alzó y comenzó a volar furiosamente alrededor del encapuchado, describiendo un torbellino azulado del que las palabras surgían como promesas de muerte- ¡Liberarme! ¿Qué sabes tú, ridículo mortal, de liberación, o de condena? ¿Qué sabes del dolor eterno que me ata a esta tierra y me niega el descanso? Maldito, maldito una y cien veces que por el juramento hecho a mi Orden no pueda...¡MALDITO! -pequeños guijarros y ramas se alzaron a su compás y golpearon el cuerpo del hombre, que permaneció impasible en el centro del pequeño huracán.

-¡FREY HUGO DE MARIGNAC! ¡Por romper tus votos fuiste condenado, por tu debilidad y tu ambición te fue negado el descanso eterno! -el encapuchado extrajo un frasco cristalino de su capa, en el cual refulgían unas pequeñas luces flotantes, tan intensas como aquellas que despuntaban sobre sus cabezas en el cielo nocturno. Con el pulgar destapó el corcho que lo cubría y derramó el brillante contenido a lo largo de su bastón. Este pareció absorber las luminosas motas y comenzó a despedir el mismo brillo argénteo hasta transformarse en una lanza de luz pura y cegadora- ¡He aquí un arma sagrada, forjada y bendecida con los deseos inexpresados de estrellas errantes! ¡Úsala y recupera tu honor, Hugo! ¡Protege al peregrino! ¡Haz honor a tus votos de nuevo!

El hombre encapuchado cayó de rodillas con un gruñido de dolor. Su capa se volvió negra como ala de cuervo.

-¿Proteger? ¿De qué habría de protegerte, insolente, si no de...?

El espectro no llegó a acabar la frase, deteniendo su iracundo vuelo en seco cuando de entre los pliegues de la capa del hombre arrodillado emergió el Dragón. La cabeza amplia y escamosa giró observando el entorno, con el mismo tejido de la realidad crepitando y crujiendo a su alrededor. Un grito antinatural emergió de las fauces repletas de las finas agujas plateadas de sus dientes, resonando en las viejas ruinas del convento. Los zarcillos de su cresta ondularon a medida que su cuerpo escamoso se liberaba de su prisión humana, saliendo al mundo con el sonido de cientos de almas desgarradas por dientes de sierra. El Dragón se alzó victorioso, elevándose por encima de las ruinas y del estupefacto templario.

-Por San Jorge... -saliendo de su asombro, el espectro avanzó hacia el bastón relámpago que el hombre había creado, recogiéndolo sin detener su vuelo y cargando contra la cabeza del Dragón- ¡SANTIAGO! ¡SANTIAGO!
 
 El combate fue clamoroso. La negra bestia se enroscaba sobre si misma, derribando árboles y rocas, abriendo oscuras brechas en el espacio a su alrededor, grietas en la misma matriz de la existencia, intentando atrapar con sus fauces al veloz espíritu que giraba vertiginoso a su alrededor. El fantasma lanzaba incansable poderosos mandobles con su brillante arma sobre las escamas de obsidiana, liberando tremendas descargas eléctricas que se dispersaban por toda la zona, crepitando violentamente y yendo a formar pequeños incendios en la vegetación. El escenario del ruinoso convento pronto se convirtió en un paisaje apocalíptico tachonado de fuego, relámpagos y agujeros negros, lleno el ambiente de cenizas que flotaban entre la cegadora luz y de los gritos del viejo templario replicando al continuo y estridente gemido del Dragón. Cada golpe resonaba con la contundencia de un trueno, haciendo temblar la misma tierra.

Abajo, en el valle, los escasos habitantes de Valsaín que permanecían despiertos a tales horas contemplaron santiguándose cómo de las viejas ruinas encantadas surgió una terrible tormenta que se prolongó durante horas hasta extinguirse, dejando únicamente los dispersos focos amarillentos de los pequeños incendios que el cataclísmico enfrentamiento había provocado.

El hombre abrió los ojos para ver cómo el Dragón que surgía de su pecho atrapaba al espectro con sus fauces, desgarrando su fantasmal cuerpo. Reuniendo sus últimas fuerzas, Hugo de Marignac, caballero templario, descargó un último golpe con su fulgurante arma sobre el cuello de la criatura, provocando que ambos desaparecieran en un último estallido de luz.

Mareado y desorientado, el encapuchado logró levantarse y dirigirse entre tambaleos hacia el lugar en el que el templario había alcanzado la redención. Recogió el viejo bastón para sostenerse, de nuevo fiel instrumento de madera, y permaneció alerta, observando y escuchando con atención.

Algo se arrastró a su derecha. El hombre se encaró en aquella dirección y apartó con el bastón unas cuantas rocas sueltas de bajo las cuales provenía el ruido. El cuerpo maltrecho de un pequeño lagarto, de escamas negras como la obsidiana y dientes estilizados como agujas se reveló ante él. La patética criatura le miró con aquellos ojos grises de odio puro que tan bien conocía y emitió un molesto chirrido de ira. De su cuello caía un icor blanquecino, sangre de Dragón, manando del profundo tajo que el espectro le había infligido.

-Despojado de tu poder y moribundo...prometí que algún día acabaría contigo.

El reptil detuvo sus espasmódicos movimientos de rabia y volvió a mirar al que había sido su huésped durante tanto tiempo, con un destello de comprensión en los ojos malvados. Ese día había llegado, y la criatura fue finalmente consciente de ello. Con un último grito de desafío, el Dragón agitó violentamente su cabeza alante y atrás, pegando tirones de su cuello hasta que este acabó de desgajarse, decapitándose a si mismo.

Tras ver cómo el cadáver del monstruo se deshacía en cenizas, el hombre encapuchado se alejó del lugar por la vía que bajaba hacia el valle con una sonrisa iluminando su rostro. Él también había alcanzado la liberación.

Grey Arkhane

lunes, 30 de julio de 2012

Via Lactea (caer hacia el cielo)

The Liminal Passage by Eluveitie on Grooveshark  

Según la teoría del multiverso, ahora mismo elijo no escribir esto. Apago el ordenador, me arrojo al acogedor colchón y hundo mi cabeza en la almohada, cayendo inconsciente hasta el nuevo amanecer al que recibo con una sonrisa.

Pero también aguanto algo más de tiempo despierto, poniendo a trabajar mi memoria para llevar las horas recientes a palabras que permanezcan más allá del propio recuerdo, más puro e intenso pero también efímero.

El cansancio en mis piernas y mis hombros guarda el ritmo de incontables pasos naciendo en un sacrificado ascenso bajo el sol poniente y finalizando junto al castillo frente al lago, tan lejos de donde en un principio pensaron llegar, tomado el imprevisible camino de la aventura frente al discurrir de las líneas sobre un mapa. Manos y pies atesoran el tacto del bastón al buscar apoyo, el trabajoso discurrir por los senderos sembrados de cantos y las diversas ascensiones al techo del mundo, de donde mis ojos albergan el vuelo de las águilas sobre los valles y cumbres que se pliegan hacia el horizonte, y mi corazón la pérdida del miedo.

Elegimos, tres aventureros, investigar las maquinaciones de retirados genios maléficos, contemplar la mirada intrigada en el oscuro rostro de la muerte y perseguir al último fulgor del día. Asistimos al horror que habitamos cada día, nuestros pulmones exultantes de aire verdadero y relajados por fin tras tanto tiempo de sufrimiento, nuestros oídos sumergidos en la ausencia de tormento. Y con valor afrontamos la noche, en la complicidad de quienes se encuentran en los rincones del fin del mundo, para caminar al amparo de la cariñosa guía de Selene.

Allí donde a la mañana siguiente nos encontramos perdidos hicimos nuestra la tenacidad de seguir adelante, a la incertidumbre que se cernía sobre nuestro devenir en lugar de acogernos a la falsa seguridad del futuro conocido. Los errores nos llevaron al conocimiento, y este a la experiencia de los pasajes encontrados a bosques que nunca esperamos llegar a ver, al final inesperado y satisfactorio de un día que se dividió en dos.

Y, entre medias, la labor compartida del hogar repentino, el sueño abrigado en la cercanía de quienes comparten tus andanzas, el Gran Misterio expuesto ante nuestros ojos. Bajo la pálida mirada de la diosa y el auspicio de los astros, tres almas cayeron hacia el vacío a través del blanco pasaje a Santiago que cruza el núcleo de nuestra galaxia, Camino sacro en el cielo que refleja a aquel en la tierra. En ese momento nos hicimos pequeños y al tiempo infinitos, bendecidos con la luz de los deseos que habrán de cumplirse, armados con la revelación de la serenidad encontrada más allá de nuestras propias vidas.

Regresamos a ellas al final del día, exhaustos y plenos. Ahora los tres dormimos un merecido y profundo sueño, mientras yo aún cierro la crónica de tales sucesos.

Cosas del multiverso.

Grey Arkhane

miércoles, 25 de julio de 2012

Sturm und drang

Dawnrazor (live) by Fields of the Nephilim on Grooveshark

El olor a ozono rescata mis pensamientos 
del veneno de las pasiones enturbiadas, 
del humo rojizo y pesado que emploma el alma,
de la sanguínea y bestial ansia del sediento.

Efluvio que me devuelve a lo etéreo y amargo,
a la fatiga de la muerte de los sueños,
a la primordial memoria del ancestral miedo,
al camino que entre las sombras aún es largo.

Aserradas dagas rasgan el cielo plomizo,
bálsamo al erial de los desérticos días,
cegadora bendición de su violento filo.

Zigzag que hiende parda tierra y luz podrida,
resplandor argénteo en la mano de los dioses,
atalaya que guía a la embarcación perdida.

Grey Arkhane

Bocado de reyes

Skin and Bones by Foo Fighters on Grooveshark 

Lentamente giras el espetón, permitiendo que las llamas de esa ira perenne y callada que crepita en tu interior laman con cuidado cada porción de la superficie crujiente que rodea tu corazón. Observas cómo estalla una pequeña burbuja de rojiza esperanza que cae al fuego con un chisporroteo y suspiras con la resignación necesaria para las tareas pacientes.

Sin dejar de girar cuidadosamente el tostado pedazo de carne, aplicas con una pequeña brocha una nueva capa de decepción y le añades un chorrito de despecho. Las llamas trepan sobre la carne al contacto del espirituoso líquido, recorriendo las vetas venosas antes de extinguirse. Ahí está el secreto, piensas, en ese añadido continuo de emociones intensas, cada vez menores, que tiento a tiento churruscan cada vez más la corteza del corazón volviéndola dura y crujiente sin que pierda su sabor o se consuma en cenizas, dejando reducir la esperanza que alberga en su interior hasta consumirse por completo pero, al mismo tiempo, logrando que su sabor impregne la carne. Sonríes al recordar todos los fallidos ensayos previos en los que tu corazón aparentemente bien cocinado seguía sangrando al cortarlo, latiendo al pulso de las arterias aún sin pasar.

La experiencia es un grado, desde luego, así que sigues girando el espetón con el puso firme del cocinero curtido, deteniéndolo un momento para clavar en él el aguijón metálico de la frustración y extraerlo al instante junto con pequeños trocitos amoratados manchando su punta. Aún serán necesarias un par de vueltas más.

Una nueva capa de decepción y un especiado generoso de culpa y recelo acompañan los últimos giros del espetón antes de que tus manos enfundadas en gruesas manoplas de cuero lo extraigan de su soporte para sumergirlo en un cuenco de reflexión y lo devuelvan de inmediato al mismo centro del fuego. Vigilas atentamente con la mirada: La reflexión debe cubrir toda la superficie de manera homogénea, sin grietas que chamusquen la crujiente carne bajo ella ni grumos que queden sin caramelizar. Así, perfecto.

Extraes tu corazón del fuego y lo sacas de una pieza desde el espetón a una bandeja de tamaño adecuado, presentándolo sobre una base de recuerdos y pan de memoria con un par de errores añadiendo una nota de verde intenso como decoración. Y de ahí a la mesa.

Aguardas de pie a que el Tiempo aparezca para degustar tu última obra maestra, poseido por un nerviosismo que no dejas traslucir. ¿Habrás seguido los complejos pasos a la perfección? ¿Habrás cometido algún error imperceptible? ¿Estará correctamente sazonado y especiado? ¿Será de su gusto?

Y entre estas y otras cuestiones el Tiempo aparece, inundando el salón con su amedrentadora presencia y tomando lugar frente a su banquete. Incapaz de atisbar siquiera la enloquecedora mirada de su aterrador rostro te preguntas si esta vez quedará saciado, liberándote de la carga de cocinar tu corazón para él una y otra vez a través de los años. Tensas los puños y aguardas el veredicto.

Grey Arkhane

lunes, 23 de julio de 2012

Dejar atrás

My Name by Lhasa de Sela on Grooveshark  

Es fácil olvidar en los momentos de júbilo que todo tiene un final. Que toda historia se cierra en una última página, que todo camino llega a algún lugar. Que todo acaba tarde o temprano.

Cada proyecto en el que nos embarcamos, cada proceso que iniciamos, acaba sucumbiendo al paso del tiempo ("El tiempo es el destructor de la vida", como dijo André Matos). Pues no sólo las distintas fases de nuestra existencia se suceden en precisos ciclos cerrados, sino también todo aquello que nos rodea: Los lugares en los que habitamos cambian hasta volverse irreconocibles, extraños, y los paisajes de nuestra niñez acaban por desaparecer entre asfalto y cemento. El mundo en el que vivimos avanza vertiginoso hacia su propio e inevitable colapso, víctima de nuestra ceguera ante falsos dioses, pues incluso nuestra existencia como especie ha de llegar a su final.

Transitamos por la Realidad cerrando puertas a nuestras espaldas que nunca volverán a abrirse, dejando también atrás a quienes nos acompañan en ese camino. Amigos, amantes y amores ahogados por el tiempo con llanto e ira, cicatrices que calan en nuestra alma, pesados lastres que se superponen y compactan en las vetas que constituyen nuestra memoria. Pues eso es lo que nos define en última instancia: aquello que hemos dejado atrás, el archivo corrupto de nuestros recuerdos, la experiencia ganada a través del dolor de perder una y otra vez aquello que en algún momento nos hizo felices. A base de traiciones, errores o de las simples consecuencias de elecciones propias y ajenas nos alzamos sobre los cuerpos de aquellos que se pierden en nuestra historia personal para nunca volver, construyendo con los huesos de su recuerdo el armazón de nuestra identidad, regando con la mezcla de su sangre y la propia el árbol de nuestro conocimiento.

Y así avanzamos, creciendo a medida que quemamos el camino a nuestras espaldas, pagando el precio de fracasar al tratar de salvar aquello que amamos para ganar una dudosa sabiduría. Así avanzamos, en realidad siempre solos, perdiendo todo lo demás por el camino hasta llegar al último e ineludible final, en el que hallamos de perdernos también a nosotros mismos.

Hoy extraño al despertar una espalda tendida bajo mi mano y las suaves líneas que mis dedos siguieron tantas veces sobre ella. Un cadáver más en la pila que me alzará a ninguna parte.

Grey Arkhane

jueves, 19 de julio de 2012

La naturaleza del león


The Rains Of Castomere by The National on Grooveshark
  
And who are you, the proud lord said, 
that I must bow so low?
Only a cat of a different coat.
that's all the truth I know.

In a coat of gold or a coat of red,
a lion still has claws,
and mine are long and sharp, my lord,
as long and sharp as yours.

And so he spoke, and so he spoke,
that lord of Castamere,
but now the rains weep o'er his hall,
with no one there to hear.
Yes now the rains weep o'er his hall,
and not a soul to hear.
-Canción de Hielo y Fuego (George R.R. Martin)